Monday, August 07, 2006

El caracol errante se transformó en una mariposa errática.
La vida itinerante se transformó en persona y la persona tornó en cambiar.
Y con el cambio vino la nueva vida. La cual, al parecer, será de nuevo errante. Pero esta vez descaracolada. Y sin mariposeos. Firme y volátil como la pluma que escribe en un blog deste interné. Varonil como un pepino de la huerta de la novia de mi padre. Libre como el viento y como la locura de Don Quijote de Sanabria. Segura como seguro es que de aquí a un rato estaré en el váter, pues mis tripas marchan a la par de las del famoso y aburrido Sanchito el de la Panza, vecino de Sotillo, nieto de la famosa hiladora María La Morica, vecina de Quintana. En cuyo valle yo bailé desnudo. A bien ser visto por quienes en coche por allí pasaran. Pues la carretera estaba por desventura muy cerca de mi santo río negro, lugar sagrado para el baño. Lugar idílico y perfecto para el cortejo de alguna bella aldeana tán maravillosa como, también por desventura, apreciablemente inexistente.

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