Qué hombre y en qué fechas ha tenido por profesión la de conquistar a una mujer?
Veo ante mí una pared y sólo me queda sentarme, respirar hondo y meditar, esperando el momento en que al abrir los ojos descubra que la pared ya no está y mi camino continúa.
Yo antes escribía de este modo o parecido.
Es una técnica que consiste en tratar de expresar lo que uno vive y ve.
Tratada como técnica apesta.
Tratarla como arte es un error, a mi juicio.
Pero realizada por ser realizada es esclarecedora, dulce, relajante, mágica y cósmica, llana y burda, inofensiva y ocupadora del extenso tiempo de las horas que por fortuna tiene la milagrosa vida.
Seré yo mi propio público. Y de ese modo crearé con mucha más tranquilidad. Ello es el resultado de un enorme esfuerzo por crear cosas objetivamente valiosas, no sin éxito, pero sí sin la merecida compensación económica.
Con el violín y disfrazado de demonio sacaba para comer y para gasolina.
Pero la vida me ha llevado por otros derroteros.
Soy persona de experiencias, incapaz de pasar dos veces por un mismo lugar.
Espero que en el mundo haya lugares suficientes como para que mis pies no tengan que dejar de andar.
Lo que escribo me parece oro aunque no lo es.
Me parece oro no por el brillo, la precisión, la chispa y la gracia de las cuales carece.
Sino por la paz y continuación de mis interiores conceptuales.
Se acabó el tiempo de la magia de verdad, la depresión y la ansiedad.
Retomo la calma, el nerviosismo aparente (no interno).
No hay otro camino. Demos gracias si este no se agrieta entre mis pies.
He jugado hasta el extremo límite.
Ahora cabe la autoconcienciación conceptual.
Doy gracias a Dios por el recorrido marabilloso que se me ha brindado.
Y no pido nada más pues es denoche y los rezos que se me otorgan son de ser pedidos en día.
Quizás, o quizás no, empieza el tiempo en que no viendo yo belleza en mi obra, está al fin ausente cierto vacío que se llevaba parte de la obra. Para pulirla tal vez. Pero desde ahora la obra está completa. Y así como no es hermética, ni mágica o incomprensible, al menos posee matices y cierta continuidad.
Don Qijote se creía la ostia. Y en cierto modo lo era, por la energía de la punta de su lanza. Pero era en realidad un desastre. Y algo así es lo que acontece en mi ser. En estos los corrientes meses: a saber, el dejar de ser Quijote, Alquimista, mago de verdad, inspirado divino, ... sino ser mortal tal cuál yo soy.
Porque esa es la cuestión: la inmortalidad.
Genera tál tensión el ser inmortal que la visión de que uno pueda morir es el solo remedio a la inmortalidad porque genera tál acojone que él mismo es el fin de la energía de inmortalidad y valentía.
He dicho.